Susana Fortes: «La verdad conlleva un riesgo, hay que perseguirla con cautela»

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Los escritores siguen encontrando en Galicia el mejor escenario para novelas policíacas que se benefician de la influencia nórdica. Sus acantilados, pueblos deshabitados y rincones ocultos son el equivalente patriótico de los fiordos noruegos, que esconden hechos aterradores, mentiras arraigadas y personajes que saben más de lo que dicen. Susana Fortes (Pontevedra, 1959) ha navegado entre muchos géneros y paisajes literarios. Le cuenta a Libertad Digital por qué su última novela nada que perder (planeta)cuyos derechos para una serie ya han sido adquiridos ven aquí.

Se desarrolla en As Covas, un lugar imaginario inspirado en un pueblo gallego de la ría del Miño, en la frontera entre Galicia y Portugal, marcado por la trágica desaparición de niños en la ría. “Casi todas mis novelas nacen de una obsesión. Crecí en Galicia, en una casa donde se contaban historias para que tuviéramos cuidado y cuidado. En la zona del Miño, en la ría y la frontera, hay muchas Cuentos de niños perdidos, niños ahogados, extrañas desapariciones. Todo eso estaba ahí y es la base de mi novela”, asegura el autor. «Tenía una imagen de un camino forestal, una camioneta que se acercaba, alguien mirando, el cobertizo, los niños, las bicicletas, revistas viejas con artículos sensacionalistas, casos sensacionalistas, el caso de Madeleine McCann… todo lo cual formaba la magna original de que la novela creció».

Fortes incorpora en esta novela los escenarios que vivió de niña, pero también utiliza Galicia como ‘metáfora’: ‘Su costa, como la costa de Noruega, está llena de rincones, curvas, no se puede ir de un paseo En linea recta. Eso es lo que pasa cuando intentas llegar al fondo de la investigación, tienes que caminar mucho.

La memoria es un lugar de riesgo porque no siempre es fiel. Recuerdas unas cosas y otras no, y lo que recuerdas está mediado por cosas que has oído

Galicia, dice Fortes, se presta muy bien a la novela «Los fantasmas del pasado, el narcotráfico y la ambigüedad de los personajes». Añade también esta poderosa tradición mitológica. “Hay un culto a la muerte muy interesante en Galicia, una mezcla de miedo, respeto y creencia en los antepasados”, dice.

Nada que perder cuenta la trágica desaparición de dos hermanos en la década de 1980, a la que sobrevive misteriosamente Blanca, de ocho años. A la mañana siguiente, aparece en una cesta de mimbre en la orilla opuesta del río, sin recordar lo sucedido. El joven de 25 años se ve obligado a confrontar sus recuerdos ocultos por un periodista que investiga el caso. «La memoria es una de las guías de la novela, esas cosas que sabemos pero no sabemos que sabemos, que están ahí en un lugar muy profundo pero vuelven a aflorar gracias a un olor, a un paisaje, a una palabra» .

Hay personas que buscan la verdad detrás de la carnicería real.

“La memoria es un lugar de riesgo porque no siempre es fiel. Algunas cosas se recuerdan, otras no, y lo que se recuerda se transmite mediante cosas que se escuchan. La recordación no es un acta notarial”, dice Fortes, quien añade que estas reminiscencias, eso sí, son un arma de doble filo: “Hay gente que persigue la verdad exponiendo carnicerías reales. La verdad debe buscarse con cautela. Hay un momento en que la protagonista se ve obligada a saber cosas que no quiere saber. Y eso es algo que nos ha pasado a todos. La verdad es un riesgo».

El secreto de la habitación cerrada

Para que la historia funcione, Susana Fortes sitúa a los personajes en un pequeño pueblo: “Los mundos pequeños, cerrados, herméticos, la familia, los pueblos pequeños, los pueblos fronterizos, donde todos tienen algo que esconder, aparecen desde el punto literario. de vista como el secreto de la habitación cerrada. Todo está ahí y hay una especie de pacto de silencio. La ropa sucia se lava en casa. Todo el mundo sabe quién es quién, todo el mundo sabe, pero nadie lo dice. Este sustrato está en las ciudades”.

Virginia Woolf dijo que no hay nada más peligroso que tu propia casa. Esto pasa en los pueblos.

Las peculiares reglas que rigen estos pequeños universos provocan que todos miren hacia adentro, “una mezcla de no complicarse la vida, un pacto de silencio y respeto a la privacidad” que crea un “ambiente insalubre”. “Todas las cosas tremendas que están sucediendo en el mundo están sucediendo detrás de puertas cerradas en estos universos cerrados. Virginia Woolf Dijo que no hay nada más peligroso que tu propia casa. Esto pasa en los pueblos. El peligro está a la vuelta de la esquina”, dice.

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Susana Fortés | Gregorio A. Sebastián

Susana Fortes sabe utilizar la intriga para obligar al lector a pasar a la página siguiente. «El principio básico de la incertidumbre humana. Incluso el prospecto de un fármaco tiene que ser emocionante, tiene que despertar la curiosidad».

El título de la novela es una alusión al poema «El arte de perder» de Isabel Obispo. «Perdemos muy temprano desde que nacimos. Perdemos cosas, la inocencia, la infancia, los hogares, los seres queridos y así es la vida, nos acostumbramos a perder y logramos seguir adelante”, explica el autor gallego.

Fortes debutó con Estimado Corto Maltés (Premio Nuevos Narradores 1994) y luego ha publicado novelas como bordes de arena (Finalista del Premio Primavera 2001), el amante albanés (Finalista Premio Planeta 2003), cuatrocientos (Planeta, 2007) el Esperando a Robert Capa (Premio Fernando Lara de Novela 2009), que ha sido traducida a más de 15 idiomas. “Realmente disfruto este trabajo. He conocido a mucha gente interesante, he viajado, he crecido mucho y lo más importante, me hizo vivir muchas vidas”, admite.

Susana Fortes. Nada que perder. Planeta. 277 páginas. 20 euros.

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Redacción

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