Nochatel o la magia de las ciudades lacustres suizas

Pocas cosas dan tanta vida y belleza a una ciudad como si estuviera sentado junto a un lago. La luz, los reflejos, esa forma de saturar las calles de oxígeno, por así decirlo, son detalles —grandes detalles— que te cambian por completo la impresión cuando llegas a uno de esos pueblos suizos construidos a orillas de una gran masa de agua.

Pensé algo así mientras caminaba por las calles de Porteroque no sólo tiene un lago sino que es el segundo más grande de toda Suiza, que no es mala marca. Un lago que también apareció ante mis ojos con una amplitud casi inmensa, supongo que su forma menos complicada que la de otros en el país hace que se aprecie mejor su vasta extensión, y permite que la vista se mueva, sin interrupción y encantada, de una costa a otra. al otro y a los picos lejanos, todavía nevados, allá del otro lado.

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Lago de Neuchâtel | C.Jordania

Creo que está claro que su hermoso lago es uno de los grandes atractivos de Neuchatel, que también lo es. un ejemplo casi perfecto de lo que puede ser un pequeño pueblo de Suiza: un paraíso de belleza tranquila y ordenada, envolvente, placentero casi a cámara lenta, un lugar donde todo parece lento, con una pausa que nos permite disfrutar de las cosas y apreciarlas en toda su intensidad sin necesidad de grandes monumentos, porque Neuchatel no es una ciudad de enormes catedrales góticas ni de gigantescos palacios, todo en ella parece estar buscando agradar sin impresionar.

Hay un palacio que, aunque no es grande, tiene encanto: en Hotel Du Peyrou –que hoy tiene un solo restaurante a pesar de ese nombre– es un valioso ejemplo de una mansión del siglo XVIII que nos da en elegancia lo que no puede darnos en grandeza y por cuyos jardines podemos ver paseando a una condesa francesa o al mismo Voltaire. , sin sorprendernos demasiado.

Subiendo al nuevo castillo

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Calle en Neuchâtel | C.Jordania

Ya te habrás dado cuenta que Neuchatel no es más que el “castillo nuevo”, y como era de esperar, la ciudad sube por las empinadas laderas de una colina, encima de la cual se encuentra esa fortaleza, que ya no es muy nueva para decir: construido en el siglo 10.

Esas calles en pendiente con casas pulcras y fachadas en colores cálidos probablemente sean la mas hermosa de la ciudad. Un set con aire medieval que una vez más busca enamorarnos sin tener que impresionarnos.

Algunas de estas calles empedradas sin coches o con muy poco tráfico han sido pintadas cuidados delicados para murales que no perturben el ambiente antiguo del plató. en uno de ellos Rousseau nos mira con una media sonrisa: efectivamente vive en la zona desde hace más de tres años, pero sin embargo preferí conocer a Voltaire, que me gusta mucho más y sigue encajando en el ambiente tranquilo y le gusta el antiguo régimen de la ciudad.

En lo alto y con unas maravillosas vistas a Neuchatel y su lago, el castillo conserva poco de su estructura medieval original: una antigua torre, un edificio algo posterior y, eso sí, una curiosa iglesia terminada en el siglo XIII – con reparaciones y añadidos posteriores, por supuesto – que es en parte románico y en parte un poco más gótico. Llama mucho la atención su interior, el techo está pintado de un bonito y sorprendente azul estrella y el modesto claustro también merece una visita.

Absenta y (casi) comida francesa

Como casi todas las ciudades suizas, Neuchâtel tiene una red de fuentes callejeras de las que brota abundante agua fresca y sabrosa. En algunos de ellos están escondidos en secreto y bajo llave. botellas de absenta, el famoso alcohol inventado a pocos kilómetros de distancia y que fue tan popular en la vecina Francia que finalmente fue prohibido a principios del siglo XX.

A pesar de que ya había sido liberado de este aura líquida demoníaca y de gran parte de su maldición, lo cierto era que para un alma sincera como la de un sirviente había cierto encanto en intentarlo, mezclado con agua fresca de manantial lo que hacía tolerable su altísimo contenido alcohólico. Dicho lo anterior, no negaré que la situación puede tener algún atractivo, pero a modo de resumen os diré que los licores dulces y anisados ​​siguen sin ser lo mío. Justo al lado de la fuente Cervecería Le Cardenal si, me ha quedado muy parecido a mi: un sitio grande, curiosamente decorado, bonito y lleno de gente local con una cocina tipica, sencilla y muy rica y con el toque frances que tienen muchas cosas alli, para algo que estamos a media hora de la frontera

Lo último que vi en Neuchatel fue el mercado de agricultores locales que llena algunas calles del centro Sábado por la mañana. La costumbre milenaria, me dijeron, aún le da al pueblo una nota intensa de vida y color desde la primera hora, como si no hubiera pasado el tiempo, que de alguna manera parece estar todo ahí, en este deleite lacustre.

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Redacción

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