El Barça y la isla de honor

Si no lo has vencido, seguro Atletico Madrid Estaría a punto de igualar su récord mundial de comunicaciones oficiales, dos en menos de veinticuatro horas, todo un hito. Nunca en toda la existencia de la actual junta directiva se ha visto tal profusión de narrativas que, en relación a las conductas racistas y violentas de un sector minoritario de su afición, se ha encontrado con el silencio como respuesta hasta ahora, Sello de silencio es nombrado. Esta destreza de la prosa no fue fruto de la improvisación ni de un afán de autojustificación, ni respondió a un afán de responder a los medios o explicarse a sus socios o al mundo del fútbol, ​​sino que hubo en Pedro Sánchez como su principal musa. El Atlético respondió ayer por la tarde al presidente del Gobierno, y hoy lo ha vuelto a hacer Miguel Ángel Gil al mediodía. Le responden, le responden, se paran frente a él, frente a Antonio, incluso en tacones, y lo hacen por la sencilla razón de que el martes por la mañana Falconetti las dejó en ridículo, las puso entre la espada y la pared, quedando como dicen que el torero Cagancho se quedó en la Plaza de Almagro, o sea, completamente equivocado. No están tratando de definir responsabilidades, ni les preocupa que pensemos o dejemos de pensar que no están actuando con la fuerza necesaria frente al racismo o que no están tratando adecuadamente a sus ultras, les preocupa lo que hace el gobierno. podría hacerlos pensar y correr rápido para satisfacer su curiosidad con una mirada.

Como el Atlético de Madrid, Barcelona también emitió hoy un comunicado respecto a la información que apareció en el diario El mundo por las negociaciones que terminaron en fracaso, el La renovación de Messi del club catalán, los llamados BarçaLeaks. Y, como en el caso del Atlético, aunque por un motivo muy diferente, el Barcelona no se ha pronunciado porque sus negociaciones estén a la vista, no, sino porque lo que nos dicen esas negociaciones es el rendimiento de un club con 124 años. vieja una historia de los deseos de una familia, la de Messi, que, según hemos podido comprobar, acosa y humilla a un ser centenario. Con las negociaciones en pleno apogeo y después de que Jorge Messi le extrajera el corazón, los pulmones, el hígado y los riñones al Barça, uno de los abogados del club catalán estalló y dijo lo siguiente en un correo electrónico: «Somos el Fútbol Club Barcelona y no podemos aceptar que nos traten como si fuéramos Almería». Error. El poeta francés Nicolás Boaleau decía que el honor es una isla escarpada sin orillas, y yo añado que una isla futbolística no tiene que ver con el presupuesto ni con los títulos que uno guarda en la sala de trofeos, sino con la capacidad de liderazgo de sus líderes.

Opción prórroga solo ida, bono de fidelidad, palco privado, vuelos gratis en Navidad, terminación eliminada, cláusula fiscal… Messi y probablemente Jorge Massey más que nadie, notaron una total y absoluta falta de honor por parte de quienes negociaban con él, fruto probablemente del auténtico pánico creado entre los rectores de los culés por el hecho de que Leo finalmente decidiera marcharse, ya que terminó. Cuando el abogado le dice a Jorge Messi que representa al Barcelona y que no puede tratarlo como al Almería, el Fútbol Club Barcelona, ​​el periobarcelonismo y el cien por cien de los barcelonistas y aficionados ya han sacado la lengua tantas veces por razón de su hijo que si hubiera pensado en pedirle al presidente un cambio de género, hoy no estaríamos hablando de Josep Maria, sino de Marie Pepa Bartomeu.

Lo más curioso en este caso, porque hay otros, es este los mismos que dijeron que a Messi se le debe dar todo lo que quiere y fueron a la salida de la Corte a aplaudirle, lo mismo Ahora hacen campaña contra Messi. Esta es la fe del nuevo converso. Tardaron demasiado en darse cuenta, del mismo modo que tendremos que esperar a que se den cuenta de que el club sigue, al fin y al cabo, en la ruina y que lo único que hace Laporta es salvar su tafanario y heredar su club sucesor. en ruinas y quién sabe si también está a punto de convertirse en una sociedad de responsabilidad limitada. La frase de Boileau sobre el honor, que él compara con una isla escarpada sin orillas, termina así: «Quien ha caído de ella no puede volver a subir». Al fútbol club Barcelona no le importa no poder volver a la isla, les preocupa que se sepa, y con datos, que se cayó de ella. Te amé por tu interés, Andrés Lionel.

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Redacción

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