El agujero presupuestario y su sostenibilidad

Una de las principales vulnerabilidades de la economía española es la persistencia de los desequilibrios en las cuentas públicas, incluso en las fases alcistas del ciclo. El déficit público apenas se corrigió durante la fase expansiva 2014-2019, olvidando promesas repetidas año tras año de una pronta vuelta al equilibrio (lo que se traduciría en menos espacio para malos tiempos). Y el esfuerzo que se hizo durante este período fue recortar la inversión pública, una de las bases del nivel de vida de las generaciones futuras. Inversiones al margen, España es el único país de la UE que ha tenido déficit público en los últimos diez años.

Mucho ha pasado desde entonces: la pandemia requirió esfuerzos adicionales para apoyar el empleo y la economía, que han permitido amortiguar el golpe de la crisis. Por el contrario, la recuperación va acompañada de enormes entradas de ingresos a las arcas públicas. En lo que va del año, la recaudación ha subido la friolera de un 14%, impulsada por el crecimiento económico y laboral, la inflación y el surgimiento de parte de la economía informal, que ahora se suma al esfuerzo concertado para financiar los servicios públicos. Es probable que terminemos este año con un déficit menor al esperado por el gobierno (4,2% del PIB vs. 5%).

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Aunque hay que celebrar el riguroso esfuerzo, el hueco parece tozudo. Diversas estimaciones suponen que estructuralmente, es decir, teniendo en cuenta los vaivenes de la economía, se situará en torno al 4%. A esto se suma la deuda nacional, que supera el 113%. La buena noticia es que los desequilibrios no representan actualmente dificultades de financiación, al contrario: la prima de riesgo se mantiene en valores bajos, cercanos a los 105 puntos, casi cinco veces inferior a la del momento álgido de la crisis financiera, y así están los mercados. mostrando su voluntad de comprar nuevos bonos. En las últimas subastas de títulos públicos, la demanda superó con creces el precio de remate, resultado nada desdeñable en un entorno internacional marcado por la incertidumbre.

Por supuesto, la aparente facilidad para endeudarse se ve interrumpida por el aumento de las tasas de interés. A partir de este año, el pago de intereses seguirá aumentando, empujando al alza el déficit. Esperemos que el BCE no manipule más de lo absolutamente necesario, lo que requiere mucho valor y atención para la reacción de la economía. Pero incluso en este escenario bastante optimista, es de esperar que el BCE comience a retirar los bonos de su cartera más temprano que tarde. Recordemos que el Banco Central posee un total de 414.000 millones en deuda soberana española (con datos hasta julio).

Entonces, si bien los mercados no están preocupados en absoluto en este momento (y las reglas presupuestarias aún discutibles no están ejerciendo ninguna presión en Bruselas), se requiere un ejercicio de realismo fiscal. Ahora depende de cómo lo hagas, porque tan importante como el propio déficit es la capacidad de crecimiento de la economía. Hasta el estallido de la pandemia (excepto en 2009), Italia solo tenía superávit primario, es decir, sin intereses, y aún hoy la desviación es proporcionalmente menor que la nuestra. Sin embargo, ante las débiles perspectivas de crecimiento de la economía transalpina, los inversores exigen una prima de riesgo que duplica la de España.

Por tanto, hoy más que en la era de los intereses negativos, la sostenibilidad de las finanzas públicas depende de la credibilidad del camino para corregir los desequilibrios y del impacto transformador de las finanzas públicas y en particular de los fondos europeos. Una tarea colosal dado el entorno de desglobalización y la crisis energética que obliga a un crecimiento diferente.

Industria

La crisis energética afecta a algunas industrias mientras que otras siguen creciendo. La caída del índice de producción industrial en septiembre (-0,3%) refleja realidades diferentes. Las industrias química y metalúrgica se ven gravemente afectadas por el aumento de los precios del gas y la electricidad. Por el contrario, hay muchos sectores que continúan una tendencia alcista que en realidad aumentó en septiembre. Cabe destacar la industria del cuero y del calzado, máquinas y aparatos, material y aparatos eléctricos así como otro material de transporte. Según el índice PMI de octubre, la perspectiva general es negativa.

Raimundo Torres Es director de situación de Funcas. En Twitter: @RaymondTorres_

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